¡Flypa'11!

El Valle de La Orotava conforma un complejo natural idóneo para la evolución de los alumnos de parapente y el perfeccionamiento de los pilotos debutantes. No sólo es una zona de vuelo de gran interés paisajístico, sino que al mismo tiempo y debido a sus especiales características aerológicas, la zona comprendida entre las medianías de Santa Úrsula y las laderas de Tigaiga y La Corona en Los Realejos, permite la práctica regular y segura del vuelo en parapente, sin exigir a cambio un nivel técnico depurado como sí ocurre en otras áreas de Tenerife.
A ojos del piloto recién llegado, los diversos escenarios y condiciones pueden parecer algo complejos, pero una mirada atenta nos descubrirá el magnífico potencial como área de vuelo idónea para la evolución y progreso de los nuevos pilotos.
El clima de las Islas Canarias se caracteriza por una notable constancia y regularidad en sus condiciones climáticas. Lo que puede ser un insufrible aburrimiento para el meteorólogo inquieto, es una ventaja indudable para los pilotos en sus primeros vuelos fuera de la ladera de escuela. La isla de Tenerife posee una forma especial que penetra en el viento como un perfil aerodinámico. En su zona sureste actúa como un extradós acelerando la velocidad del viento, pero en su zona norte actúa a la inversa, frenando la velocidad de los alisios y creando una depresión local justo en el Valle de la Orotava. Aquí, literalmente el tiempo “se ve venir”, ya que el mar refleja cualquier variación en las condiciones atmosféricas con suficiente antelación para tomar las necesarias medidas de seguridad. Si a esto sumamos que la zona mantiene sus características climáticas con casi todas las condiciones meteorológicas que afectan al archipiélago, podemos concluir que si estamos en el reino de los alisios, el Valle de La Orotava es la Puerta del Rey.
La ladera de La Corona, en Los Realejos, se mantiene en funcionamiento regular durante todas las estaciones, tal como si fuese una factoría del vuelo, la retirada de los alisios durante el periodo invernal y su alternancia durante la primavera y el otoño facilitan la exploración de otras zonas del valle y aledaños. Por ejemplo, con los suaves vientos del Oeste y Noroeste es la pared opuesta, las laderas de La Orotava y las medianías de Santa Úrsula, las que reclaman un mayor protagonismo. Mirando al norte, todo el valle extiende sus fronteras y comienza la actividad en los acantilados costeros, como en el vuelo de la playa de Los Patos. Actualmente se encuentra en proyecto la mejora y ampliación de despegues en esta zona. Por último, no podemos olvidar la majestuosidad del vuelo desde el despegue norte de Izaña a casi 2.300 metros sobre el nivel del mar. Situado exactamente en el kilómetro 33 de la carretera dorsal y con permiso especial del Parque Nacional del Teide, facilita el vuelo de planeo sobre cualquier zona del valle, atravesando capas de aire de diferentes características y permitiendo a los nuevos pilotos la familiarización con los vuelos de altura al tiempo que disfrutan de un escenario natural incomparable.
Según discurre el día y el sol cambia su orientación, el valle va adaptando sus condiciones a cada momento. Las mañanas lucen frecuentemente despejadas permitiendo el inicio de la convectividad desde horas tempranas, lo cual facilita las ascendencias térmicas bajo el despegue de La Corona cuando la pared opuesta aun se mantiene en sombra. A medida que avanza el día, las térmicas van ganando en amplitud aunque no es habitual que alcancen la potencia de las que encontramos en el suroeste de Tenerife. A mediodía suelen establecerse en todo el valle una capa de estratocúmulos típica, conocida localmente como “panza de burro”. Esto genera un proceso de laminarización de la masa de aire que coincide con la llegada de los vientos alisios “modificados” por la forma insular. La ladera de La Corona se convierte entonces en un flotador, un colchón de aire que permite el vuelo con la suavidad típica de las laderas costeras hasta la puesta del sol. El cambio suele ser a la inversa en las laderas orientales, siendo la tarde el momento ideal para aprovechar las suaves ascendencias térmicas en las laderas de La Orotava y las medianías de Santa Úrsula.
Por muy estables que puedan ser las condiciones climáticas de las islas, el mal tiempo también tiene que ejercer sus derechos. Es entonces cuando la enorme espina dorsal de la isla y su imponente macizo central en forma de triángulo, con alturas medias por encima de los 2.200 metros, realiza su eficaz trabajo de bloqueo contra frentes y borrascas. Durante no menos de 340 días al año, una de esas caras mantiene a resguardo las condiciones de calma suficientes para el vuelo en parapente, y es cuando necesitamos una alternativa eficaz para seguir realizando la actividad de vuelo, y valoraremos que esa zona protegida estará siempre a un máximo de 1 hora de viaje desde el Valle de La Orotava.